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El negocio de la integración
Junio 9, 2008, 4:20 pm
Archivado en: Sociedad | Etiquetas: , , ,

Heraldo de Aragón titula hoy que la inmigración ha crecido casi un 6% durante el primer trimestre de 2008. Este, como casi todos los datos, resulta llamativo pero muy frío.

La realidad que se esconde tras las encuestas se encuentra a pocas paradas de autobús de la Plaza de España de Zaragoza. La línea 33 nos deja en la Avenida Madrid, en pleno barrio de Delicias, uno de los barrios que, demográficamente, más ha cambiado en los últimos 10 años.

Delicias ha sido, por historia, un barrio obrero clave en el crecimiento de Zaragoza. Ahora es uno de los que acoge a un mayor número de habitantes de toda la ciudad. Un barrio en el que viven y trabajan buena parte de esos 117.329 inmigrantes que, según la DGA, se encuentran en la capital de Aragón.

Muchos de ellos han decidido emprender la aventura de crear su propio negocio: bazares, peluquerías y pequeñas tiendas de alimentación, sobre todo. Esta no sólo es una forma de garantizar el sustento de toda la familia, sino que supone un síntoma inequívoco de integración.

Lejos de teorías caducas -y algo xenófobas- que versan sobre la creación de guetos en el barrio de Delicias, la realidad es bien distinta: los pequeños comercios abiertos por inmigrantes son un paso hacia la independencia económica de este colectivo y una zancada hacia la difícil empresa de recuperar su dignidad.

Juegos en la trastienda

Tabari y su primo Iñiko son subsaharianos, tienen 4 y 6 años. Su familia regente este pequeña tienda de comestibles en el barrio en la que productos africanos y occidentales conviven en las estanterías: la tienda huele a mijo y también a gominolas. Los pequeños salen a las cinco de la escuela y vuelven a la pequeña tienda: allí juegan y hacen los deberes. El padre de Iñiko, en un perfecto castellano, sólo pide que puedan salir adelante: “Aquí, en España es mucho más fácil”.

El nombre de su hijo, explica, quiere decir “tiempos difíciles”. Unos tiempos difíciles, que a buen seguro, aquí en Zaragoza pasarán, o al menos, serán menos crueles.


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